Tengo una debilidad…

“Me emociona cualquier platillo preparado por alguien que se siente orgulloso de lo que está haciendo, quien ponga su huella personal en la comida.”

Anthony Bourdain

Si hay una fruta que me apasiona, desde que era una pequeñaja, inquieta y curiosa, esa es el tomate. Adoro los tomates. En todas sus formas, variedades, colores, tamaños y sabores. Puedo comer tomate cada día del año. Siempre. de hecho, si no lo como, mi cuerpo lo acusa y mi estado de ánimo también. Parece una locura, pero es así.

Y, si bien es cierto que hoy en día encuentras de todo, todo el año y casi en cualquier parte, nada se compara con comer lo que toca, cuando toca, y, en el caso de los tomates, es especialmente notable.

Se usa en una variedad infinita de platos, se prepara de muchas formas diferentes, y los hay de una cantidad de variedades casi infinita, pero en todos y cada uno de los casos, como mejor saben es en temporada y en su lugar de orígen.

Italia es un jardín repleto de colores en ésta época y durante los meses de calor, hay tal cantidad de tomates, tantas clases, que te emociona!.

En ensalada, al horno, en pizza, en focaccia, en salsas varias, en bocadillos, en tartas, con quesos, con pan y aceite…interminable la lista de posibilidades de probarlos. Pero, insisto, cuando más ricos están es en temporada. Siempre.

Los italianos, además de todas las recetas ya conocidas, tienen por tradición el hábito de secar tomates al sol y conservarlos en aceite y hierbas, para luego comerlos como “antipasto”, aperitivo, junto a las aceitunas, quesos, embutidos y otras verduras en conserva, y, la famosa y nunca suficientemente venerada “passata di pomodoro”, esa excelsa salsa de tomate que, por mucho que intentes hacerla en casa, nunca te sabe igual que cuando la comes en Italia. Cada región tiene su toque personal, eso sin duda, y a cuál más rica, y, en Puglia, como no podía ser de otra manera, es sencillamente exquisita. Así, tienes durante todo el año reservas de salsa para comer con lo que te apetezca, porque eso si, aquí, si no es en temporada, no se come. Ni el tomate, ni nada. Es maravilloso!.

Por eso me gusta Puglia. Porque todo es a su tiempo, todo es tranquilo, con calma, sin prisas, sano, si aditivos, sin aspavientos, limpio, puro, auténtico y eso, mis queridos amigos, para mi, es felicidad.

Me encanta llegar a las Masías, y sentarme tranquilamente cuando cae el sol, con esta temperatura tan agradable, pedir una copa de vino fresco, y una tabla de atipasto, entre olivos o a la orilla del mar, y dejarme ir, relajada, degustando los tomates secos en aceite de oliva con albahaca, (por ejemplo), acompañados de pan casero, una bolita de burrata, y otras pequeñas delicias, pedacitos de amor comestibles. Que, cuando los pruebas, y sabes cómo están hechos, por quién, en dónde…esos pequeños detalles hacen aún mas ricos, si cabe, todo lo que pruebas. Y, eso emociona. Y, en estos días, con lo que está pasando es todas partes del mundo, esos pequeños gestos se agradecen. Mucho. Mucho.

Puglia sigue siendo, (espero que por mucho tiempo más) un tesoro a salvo de las masas. Un rinconcito único y especial en donde sentirse feliz. Lo prometo.

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